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¡Salud para ti, salud para los tuyos!

La Iglesia en España, en la celebración de la Pascua del Enfermo, acoge la invitación del Papa en la Encíclica Laudato si, referida a la Pastoral de la Salud y ecología integral, con el lema Salud para ti, salud para tu casa. Con este mensaje del rey David, dirigido a Nabal y su familia, os saludo yo a todos, queridos diocesanos, y de manera especial a los enfermos,  a las personas discapacitadas y a los ancianos.

El Santo Padre nos pide una ética ecológica que nos lleve a cuidar nuestra casa común, ya que percibimos con facilidad que una degradación ética y social repercute en la degeneración ambiental. Igualmente nos invita a trabajar por la prevención de las enfermedades que tienen su origen en las agresiones al medio ambiente, al maltrato a la naturaleza, y que se convierten en enfermedad y sufrimiento para tantas personas, sobre todo para los más pobres. Francisco hace un llamamiento para que la política y la economía pongan en el centro a la persona humana, promoviendo actitudes y políticas saludables.

Esta jornada dedicada a los enfermos se enmarca en el corazón de la Pascua, en el que celebramos la alegría de Jesús Resucitado. El encargo recibido de la Iglesia de acoger, aliviar y acompañar a los enfermos y a las personas que sufren, lo llevamos a cabo con la ayuda del Espíritu Santo  y con la sabiduría del corazón que nos enseñó Jesús, como lo hicieron los elegidos por los Apóstoles en las primeras comunidades cristianas.

En muchas parroquias de nuestra diócesis se aprovecha la Pascua del Enfermo para recibir el sacramento de la Unción de los enfermos. Un sacramento que nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre, nos ayuda a ampliar la mirada en la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento en el horizonte de la misericordia de Dios. Cada vez que celebramos el Sacramento de la Unción, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote se hace cercano a quien está gravemente enfermo o es un anciano. A todos os invito a celebrarlo con verdadera devoción y preparación. En la Misa Crismal, donde el Obispo bendice el aceite con el que se unge a los enfermos, elevé mi oración a Dios por cada persona que habría de recibir este sacramento en nuestra diócesis.

Recuerdo ahora una advertencia del Papa sobre la Unción: cuando tenemos un enfermo en casa, muchas veces pensamos: llamemos al sacerdote para que venga. Pero enseguida reaccionamos: no, que trae mala suerte, o no, que se asusta el enfermo. ¿Por qué se piensa esto? Porque existe la idea de que después del sacerdote llega el servicio fúnebre. Y esto no es verdad. El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano. Es necesario llamar al sacerdote junto al enfermo: ¡vaya, dele la unción, bendígale! Es Jesús mismo quien llega, en la persona del sacerdote, para aliviar al enfermo, para darle fuerza, darle esperanza, para ayudarle; también para perdonarle los pecados. Y esto es muy hermoso.

Pienso que también es hermoso, en este mes de Mayo, poner nuestras vidas en manos de María con sus alegrías y sufrimientos. Hago mías las palabras del Santo Padre en Fátima: queridos enfermos y ancianos: vivid vuestra vida como una gracia y decidle a María que queréis ofreceros a Dios. No os consideréis solamente destinatarios de la caridad, sentíos protagonistas de la vida y misión de la Iglesia. Vuestra presencia silenciosa, vuestra oración, vuestros sufrimientos unidos a los de Jesús, la aceptación paciente y hasta alegre de vuestra condición son un patrimonio espiritual de nuestra comunidad diocesana. Os doy las gracias por vivirlo así. 

Con mi bendición y afecto.

+ Jesús, Obispo de Ávila

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