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Trabajo, familia y tiempo de descanso

Queridos diocesanos:

El miércoles 21 de junio hemos comenzado el verano; en los colegios, niños y profesores van concluyendo sus clases y exámenes finales; muchos preparan sus vacaciones estivales y se abre un nuevo período importante para la vida familiar. ¿Cómo vivirlo de modo que favorezca, acreciente y refuerce los lazos familiares, y para que el ocio sea verdaderamente un descanso y un tiempo bien aprovechado? Respondemos a estos interrogantes con unas reflexiones que nos propone el Papa Francisco en sus catequesis sobre la familia.

En primer lugar: el trabajo. «El trabajo, se dice comúnmente, es necesario para mantener a la familia, criar a los hijos y asegurar una vida digna a los seres queridos. De una persona seria y honrada, lo más hermoso que se puede decir: “es un trabajador”. El trabajo, en efecto, en sus mil formas, comenzando por la labor de ama de casa, se ocupa del bien común. Ante todo se aprende en la familia. La familia educa al trabajo con el ejemplo de los padres. En el Evangelio, la Familia de Nazaret se presenta como una familia de trabajadores, y Jesús mismo era conocido como el “hijo del carpintero” (Mt 13, 55) o incluso “el carpintero” (Mc 6, 3). Y san Pablo no duda en poner en guardia a los cristianos: “Si alguno no quiere trabajar, que no coma” (2 Ts 3, 10). El compromiso del trabajo y la vida del espíritu, en la concepción cristiana, no están enfrentados entre sí, por el contrario  oración y trabajo deben ir de la mano, en armonía, como enseña san Benito. La falta de trabajo perjudica al espíritu, como la ausencia de oración hace daño a la actividad práctica. Trabajar es propio de la persona humana y expresa su dignidad de ser creada a imagen de Dios. Por ello se dice que el trabajo es sagrado» (Catequesis 19/08/2015).

Muchos de vosotros, seguramente, no podéis dejar vuestro trabajo durante el verano, en casa o fuera de ella, por la situación de escasez laborar o porque os dedicáis a la atención de ancianos o enfermos. Recordad que en la atención a quienes más nos necesitan encontramos el rostro doliente de Cristo: este servicio  es grato a los ojos de Dios y una obra de misericordia.

En segundo lugar: el descanso o el ocio. Después del trabajo, también es necesario el descanso. Dios mismo nos enseña (en el relato del Génesis) la importancia de dedicar un tiempo a contemplar y a gozar de lo que en el trabajo se ha hecho bien. El tiempo de descanso no equivale a la pereza de estar en el sofá. Es tiempo para contemplar cómo crecen los hijos o los nietos; tiempo para mirar nuestra casa, los amigos que hospedamos, la comunidad que nos rodea, y dar gracias Dios que lo hizo de este modo cuando creó el mundo. Y continúa haciéndolo, porque Dios goza contemplando su creación y a sus hijos (cf. Catequesis, 12/08/2015). Es importante el tiempo que dedicamos también a celebrar con alegría el estar juntos compartiendo la vida, los gozos y los sufrimientos de la vida familiar. La gratuidad de estar juntos compartiendo lo sencillo del hogar: las tareas de la casa, salir a hacer la compra, ir al cine, quedar con los amigos, es lo que acompasa el ritmo que a veces el trabajo no permite vivir con tranquilidad.

Por último, queridas familias, os recomiendo vivamente dedicar el tiempo necesario para cultivar el espíritu y la vida interior. Orar en familia, participar en la eucaristía dominical, darse tiempo para “airear” el corazón y el espíritu contemplando la naturaleza o dando un paseo, hay tantos sitios preciosos en nuestra provincia para disfrutar al aire libre. El espíritu de oración restituye el tiempo a Dios, sale de la obsesión de una vida a la que siempre le falta el tiempo, vuelve a encontrar la paz de las cosas necesarias y descubre la alegría de los dones inesperados (cf. Catequesis, 26/08/2015).

Que disfrutéis este período de merecido descanso y lo aprovechéis bien para crecer en la mística de vivir juntos en familia.

Con mi bendición y afecto.

+ Jesús, Obispo de Ávila

En la época de reservar la matrícula en los colegios e institutos, la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis se dirige a los padres y a los propios alumnos para que se apunten a la asignatura de religión católica. Este año han preparado una campaña de carácter especial, a propuesta de los delegados de Enseñanza de las diócesis, que se presenta en la sede de la Conferencia Episcopal  Española. Recordamos que el 63% de los alumnos españoles eligió estudiar la asignatura durante el curso 2016 – 2017.

Bajo el lema “Me apunto a religión” esta campaña anima a los padres a hacer uso del derecho que tienen a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral católica en la escuela, según sus convicciones. Para ello es necesario inscribirles a la clase de religión o que los alumnos estén motivados para que lo hagan ellos mismos.

Tienes todos los materiales disponibles PINCHANDO AQUÍ

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